De vidas ajenas, de Enmanuelle Carrére.

Lo peor de De vidas ajenas, de Enmanuelle Carrére, no es su intento de ser una crónica de sucesos dentro de una relación sentimental. Puede que incluso sea su punto fuerte. Sin embargo, jugar a medias tintas en la novela, incluso tratándose de la extendida autoficción, puede acarrear problemas secundarios que rompen el codiciado hilo narrativo.

De vidas ajenas empieza con un tsunami y prosigue con un cáncer. No existe sorpresa en la trama porque todo lo que lees ya te lo dice la contraportada y la solapa (con un foto penosa del autor, por cierto). Estás tan sobrecargado de lectura que el interior sobra.

Podrían hacer una categoría de libros de exterior: esos de los que con leer las tapas te vale. Con este, la verdad, no hay que ser tan duro. A pesar de esos inconvenientes y de la machacosa fatiga de conocer de antemano que vas a leer desgracias y, “por encima de todo”, una historia de amor, a su favor cuenta con una lectura fluida y con toques periodísticos que aportan algo, aunque sea para la profesión.

Sin embargo, y vuelvo al principio, desbarra. Se desinfla. Empieza fuerte, incluso conmovedor, mantiene algo de pulso a la mitad y se extiende demasiado en perfiles que no resuelven lo que esperas al principio.

Vamos, que si quieres hacer un libro de testimonios, márcate un reportaje a lo País Semanal, y si quieres autoficcionarte, copia a Vicente Verdú. Pero no ofrezcas un cuento cuando solo tienes recortes.

A pesar de todo, el libro me ha gustado.

Una respuesta

  1. Lo peor de De vidas ajenas, de Enmanuelle Carrére, no es su intento de ser una crónica de sucesos dentro de una relación sentimental. Puede que incluso sea su punto fuerte. Sin embargo, jugar a medias tintas en la novela, incluso tratándose de la extendida autoficción, puede acarrear problemas secundarios que rompen el codiciado hilo narrativo.

    De vidas ajenas empieza con un tsunami y prosigue con un cáncer. No existe sorpresa en la trama porque todo lo que lees ya te lo dice la contraportada y la solapa (con un foto penosa del autor, por cierto). Estás tan sobrecargado de lectura que el interior sobra.

    Podrían hacer una categoría de libros de exterior: esos de los que con leer las tapas te vale. Con este, la verdad, no hay que ser tan duro. A pesar de esos inconvenientes y de la machacosa fatiga de conocer de antemano que vas a leer desgracias y, “por encima de todo”, una historia de amor, a su favor cuenta con una lectura fluida y con toques periodísticos que aportan algo, aunque sea para la profesión.

    Sin embargo, y vuelvo al principio, desbarra. Se desinfla. Empieza fuerte, incluso conmovedor, mantiene algo de pulso a la mitad y se extiende demasiado en perfiles que no resuelven lo que esperas al principio.

    Vamos, que si quieres hacer un libro de testimonios, márcate un reportaje a lo País Semanal, y si quieres autoficcionarte, copia a Vicente Verdú. Pero no ofrezcas un cuento cuando solo tienes recortes.

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