Time is flying.

Con este extraño sintagma- una mezcla de tiempos atemporales con continuos que solo los ingleses saben conjugar- se resume el devenir cotidiano de los que vemos el calendario adelgazar y las finas láminas reposar en el fonde del escritorio.

El tiempo vuela. Sí. No solo para Constança, que ahora (con 4 meses) abre los ojos intentando atrapar el mundo, sino para todos. La cuenta atrás del bebé se cuantifica en meses, incluso en semanas. Superados cierta etapa, el tiempo fluye por años, quizás por trimestres. El caso es que, en los albores de mi 28 cumpleaños y despidiendo, a la par, un año que ha pasado a ratos, observo las fotos de una criatura que hasta hace unos segundos lloraba sin parar y ansiaba regresar al vientre materno.

Ahora no. Ahora se mueve a cada ruido extraño. Pregunta con el dedo y requiere de la atención de su madre cada vez que ésta se aleja de su órbital corporal. Constança muestra cómo nos hacemos mayores. Constança devuelve vida a sus padres, que se quedan extasiados mirándola aunque siga pidiendo a gritos algo de mamar.

Consta´ça es una referencia. Un marco del paso por Lisboa, duerme Lisboa, y del placer de seguir viendo a tus amigos por medio de ojos ajenos.

Mañana imprimimos el periódico final. Mañana abandonamos el polígono de Suanzes después de un año de acampada. Cuando uno se interesa sobre algo lo ve en todas partes. Este año de ubicuidad informativa hemops estado en el norte de África, en los baserris del País Vasco, en la indignación popular y en las poltronas de políticos inmóviles al cataclismo.

La información seguirá ahí, ajena pero con un guiño hacia los que la transmiten. Es uno de los adioses perdidos en un bucle diario.

Pero no importa. Todos sabemos que los tiempos están cambiando. Que el mendigo que veíamos al bajar por Ercilla ha encontrado otro lugar, lejos de la oficina de empleo donde se resguardecía. Que una indigente de cara cetrina y chaqueta ajada se levanta cada día y coloca cuidadosamente los cartones que la abrigan.

Seguimos adelante, aunque nos pese. Porque, desde que nacemos, el que no llora no mama, y el que no mama no caga.

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