Sin vecinos

Cuando buscas piso todos alaban las ventajas de su producto: si es interior, que es silencioso; si es exterior, que tiene vida; si está en penumbra, que no coge calor; pero en lo que todos coinciden es en señalar la ausencia de vecinos.
Vivimos en una sociedad donde los vecinos estorban. Subimos rápido al ascensor antes de que entren, miramos por la mirilla para no coincidir en el rellano o esperamos antes de pasar al portal si reconocemos un coche vecinal.
En Cuba no se lo creían. Normal: ellos compartían teléfono entre varias casas, se prestaban la nevera o regañaban a los niños de los demás a voz en grito en pleno pasillo.
Y mientras huimos de nuestros compañeros de edificio, medio país se encierra en el cuarto de estar para sintonizar la televisión y degustar todas las series que proliferan sobre vecindarios. Una vez más: ficción, mera ficción.

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